De casa al agua en dos pasos

Tengo que decir que he tenido mucha suerte, por nacer y vivir en Palmeira, y por vivir en la playa, ésta ha sido mi jardín particular toda mi infancia y adolescencia y ha marcado mi vida, mis pasiones y mis decisiones. El mar forma parte de mí, siempre ha formado parte de mí y siempre lo hará.

En este video comparto con vosotros uno de muchos días, en los que he disfrutado de la pesca submarina en solitario, de este deporte que me ha enamorado, que me ha enganchado y que me ha regalado momentos y sensaciones inolvidables bajo el agua.

La casa de mis padres está situada, literalmente a pies de una pequeña playa llamada “Baluarte” en la que tantas horas hemos disfrutado de la naturaleza en libertad. Recuerdo absolutamente todos los momentos que hemos vivido en nuestra infancia, haciendo mejillonadas, haciendo hogueras, quemando cuerdas, pescando nécoras, noches de facho, pesca de lorchas, competiciones de natación, saltos de cabeza, risas en el Casqueiro, cada una de las piedras, que están fuera y dentro del agua, las conozco como palma de mi mano. Las he recorrido, en bote, en piragua, en planeadora, en flotador, a motor, a vela, a remo, con amigos, solo, por arriba y por abajo.

Por suerte, vivir aquí, me permite salir de casa con el traje de buceo puesto y lanzarme a bucear por este entorno que nunca deja de sorprenderme.

Tras preparar todo el equipo, traje, bolla, cuchillo, fusil, aletas damos dos pasos y ya estamos en el mar para iniciar nuestra sesión de pesca submarina. Primero miramos en el agujero de la piedra de las cachas que siempre es hogar de algún pinto, alguna maragota o algún sargo. Y capturamos nuestra primera pieza con un disparo en la cabeza, es una pequeña maragota. Revisamos algún otro agujero cercano, pero en esta ocasión no encontramos nada decente para capturar, nos vamos al Piriquiño por si avistamos alguna lubina o algún chopo, pero no hay suerte. Nos dirigimos luego hacia los dominios de la piedra del lobo, donde hay varias rendijas y zonas interesantes en las que mirar. Capturamos un pinto al acecho, escondiéndonos detrás de una piedra situada a una profundidad de no más de 3,5 metros, en esta zona capturamos otros dos pequeños pintos. Cargamos nuestro fusil, y seguimos disfrutando de esta maravilla natural. Nos queda tiempo para enseñar a Tom a disparar el fusil con seguridad y a sentir por primera vez el empuje de la fuerza del mecanismo impulsor. Ya hemos terminado y regresamos a casa donde mis hijos nos esperan con curiosidad por ver que ha capturado su padre bajo el mar. Ellos, son todo preguntas, quieren tocar los ojos y las escamas de los peces y en su mirada se enorgullecen por su padre, por haber pescado unos peces tan grandes y ricos.

Esta pasión por el buceo nos impulsa a compartir con todos los amantes de este deporte, las sensaciones y las experiencias. Quizás algún día los niños se aventuren a experimentar esta experiencia en el mundo submarino igual que hace su padre.

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